De burradas varias y concursos literarios

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En el correr del último año he tenido la oportunidad de participar en varias convocatorias y concursos literarios; obviamente en la mayoría de los casos he perdido, en algunos (los menos) he ganado y en otros, los jueces han tenido la gentileza de seleccionar alguno de mis relatos para publicarlos en sendas antologías (con la idea de venderme el librillo, lo sé, pero hace una ilusión que no veas). También hay un mínimo porcentaje de certámenes ha quedado en la absoluta NADA y otro gran porcentaje que está fuera de época y desconoce las maravillas de Internet. Reajustado_5393743407_a42644e9eb_b Ahora bien, cuando un colectivo organiza un certamen o concurso, lo hace o basado en su experiencia o en la ajena o de lo contrario, encomendándose a cuanto santo conocido o desconocido se le ocurre con el fin de que todo salga bien. Y en la mayoría de los casos así es aunque nunca falta el desconforme o el mal perdedor que se tira a criticar todo lo que es criticable o no. Sin dudas existen unos cuantos concursos literarios en los que por falta de previsión, porque los desborda la recepción de relatos o por lo que sea, sus organizadores deben recurrir a postergar los fallos de los mismos.  Y es entendible, por lo menos desde mi punto de vista, que eso ocurra. A cualquiera le puede pasar que las cosas no le salgan exactamente como ha planificado por más buena voluntad que ponga en ello. Cuando esto sucede y a título meramente personal, lo que agradezco es que los organizadores pidan las disculpas del caso (sin muchas explicaciones que para eso ya tenemos políticos para dar y regalar) a través de los medios que crean convenientes y pongan en conocimiento de quienes estén interesados en el dato, de la nueva fecha de fallo o de entrega de premios.

Una cosa es preguntar...

Y aquí viene la parte en la que me cabreo y mucho y es cuando algún que otro escritor a quien se le supone un cierto nivel cultural (lamentablemente cultura no es igual a educación) se pone en plan chulo, impertinente o francamente mal educado a la hora de inquirir acerca de posibles resultados. Vamos a ver, yo también soy escritora y claro que si dice que el día tal se dará el fallo, me gustaría que estuviera publicado a primerísima hora de la mañana y es una realidad que a medida que transcurre el día me carcome la expectativa. Yo suelo compararme con los niños pequeños cuando viajan y preguntan cada cinco minutos: ¿Cuánto faltaaaa? Pero me lo pregunto a mí misma. ¡No estoy dando la lata todo el maldito día! Si accedes a la página del Facebook o a la web o dónde sea, para averiguar si ya se emitió un fallo y te encuentras tropecientos mensajes preguntando y ninguna respuesta, haciendo gala de sentido común y buena educación hay dos opciones: volver a informarte más tarde sin hacer comentarios o decir que también se espera el resultado sin perder ni la paciencia ni las formas; pero este sector de los escritores a los que me referí en el párrafo anterior encuentran una tercera postura: poner verde a todo el mundo porque no hay un resultado. Lo primero que hay que pensar es que quien está a cargo del contacto con el público no tiene por qué tener ni la más mínima injerencia en el resultado del concurso literario, así que para empezar se encontrará una sarta de estupideces sin comerla ni beberla. Si se pusieran a ver las burradas que escriben, entenderían porque no les dan respuesta y es porque si dicen algo, sería peor la avalancha de idioteces!!! En segundo lugar están los ataques de impertinencia y los apuros que me hacen acordar a cuando en medio de la calle a alguien se le cala el coche y los demás en vez de contar hasta 20, le pitan. Y para colmo se cabrean porque el conductor obviamente con las prisas que le metemos se pone más nervioso y más demora Pues aquí es lo mismo: si nos ponemos en plan autoritario, cutre o belicoso, seguramente tardarán más o nos ignorarán ostensiblemente. Y en tercer lugar, yo me pregunto: ¿para qué os presentáis a los concursos literarios si no sabéis perder? He visto muchas veces los nombres de unos cuantos escritores (sí, es repetitivo el temilla) que cuando pierden, que por lógica es la mayoría de las veces, se quejan hasta de la marca de papel higiénico que usan los jueces; en cambio si ganan justifican lo injustificable, empezando por sus propios fallos. Juro que he leído más de una crítica a la decisión de un jurado basada únicamente en un listado donde solo constaban los títulos de los relatos finalistas o ganadores.

Hay de todo en la viña del Señor

Y quiero hacer un aparte, pues además de escritores maleducados, también hay quienes organizan concursos literarios como manera de hacer publicidad o de tener más fans en sus redes sociales y como no tienen ni la más pálida idea de cómo hacerlo, les sale un mamarracho espantoso y generalmente terminan premiando a algún amigo y/o a algún texto que es un plagio más que obvio para todos, menos para la obcecada que se puso a hacer lo que no sabe y en vez de reconocer sus errores para aprender de ellos, se empecina en que tiene razón y termina como termina. A ver si nos dejamos de tonterías con el tema de la mala educación que en nuestro medio, el literario, deberíamos, además de escribir ojo sin hache ser capaces comportarnos correctamente y sin perder jamás el respeto y las buenas maneras. Contáctame en Nubelu

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