Cómo corregir un post antes de publicarlo

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Ya trabajaste mucho con tu post. Primero buscaste un tema muy interesante, luego diagramaste un mapa con ideas relacionadas, las fuiste desarrollando de una manera sintética y por último pusiste manos a la obra: ¡a escribir! Luego de algunas horas y varios cafés, has terminado. Incluso hasta la cantidad de palabras está dentro de lo que esperabas. ¡Felicitaciones! Pero no, ¡espera! Todavía te falta algo fundamental, y es corregir bien el estilo del post. Es el último paso que puede darle profesionalismo a tu escritura y distinguirla de la de un aficionado. Aquí encontrarás algunos conceptos para que puedas sistematizar este último esfuerzo antes de publicar.

Ortografía y gramática

El punto de partida debe ser siempre una correcta comprensión y uso de la gramática y las reglas de ortografía. No es necesario que seamos expertos al punto de poder resolver la duda más compleja al instante, pero sí partir de una base sólida. En plena era digital todos trabajamos con algún procesador de texto con corrector (incluso las plataformas  on-line cuentan con uno). Lo que no debemos olvidar es que dicha corrección es muy falible: el corrector busca la identidad entre la palabra evaluada y las guardadas en una base de datos, pero eso no significa que sea la palabra que quisimos escribir. No es lo mismo “vacío” que “vació”. Y mucho menos confundir “el” con “él”. Del mismo modo, al revisar reglas gramaticales, la aplicación no siempre interpreta bien el sentido que buscamos darle.

Leer en voz alta

Uno de los grandes secretos es leer en voz alta lo que hemos escrito.  Es algo a lo que debemos habituarnos y que al principio puede ser engorroso, pero que pronto dará sus frutos. Al leer en voz alta vamos a detectar con facilidad los errores de puntuación, en especial exceso o carencia de comas. También detectamos las cacofonías, palabras que involuntariamente generan una especie de rima, resaltando algo en el texto que no se quiere resaltar; por ejemplo: “el derroche de anoche”,  se podría reemplazar por “el despilfarro de anoche”. Podemos apelar a los sinónimos.

Tiempos verbales

Algo a tener en cuenta es el correcto uso de los tiempos y fórmulas verbales. En las artículos de estilo periodístico es frecuente que utilicemos el llamado “presente histórico” (contar eventos que sucedieron en el pasado, pero trasladados al presente) que es una manera poco natural de narrar, por lo que podemos entrar en la superposición de tiempos verbales en una misma frase. El tiempo verbal es un recurso que podemos manipular buscando un cierto efecto. Lo utilizamos para ubicarnos en determinada posición frente al lector. Por ejemplo, en este post hay un comienzo en “tu” (primer párrafo) y luego gana predominancia un “nosotros”. Es un recurso que se utiliza para hacer compartida la experiencia del redactor y el lector; luego de un primer párrafo introductorio que pone más el foco en captar la atención, nos acercamos inmediatamente con los consejos. ¿Lo habías notado? Usemos o no estas técnicas, lo que podemos hacer es revisar que los tiempos verbales estén en concordancia con la manera en la que queremos contar nuestra historia.

Adverbios

Un aspecto muy sensible son los adverbios. En general los utilizamos demasiado porque nos da la sensación de que le agrega volumen al texto, cuando la mayoría de las veces lo que hace es recargarlo. En especial solemos abusar de los terminados en ´mente´. “El lugar estaba ampliamente despejado. Lentamente avanzamos y vimos como plácidamente dos niños caminaban de la mano.” Este ejemplo es una exageración, pero muchas veces escribimos así. El consejo es buscar uno por uno a estos adverbios y tratar de cambiarlos por una versión más suave; en lugar de “verdaderamente” usar “en verdad”, cambiar “lentamente” por “con lentitud”. Son detalles que le darán fluidez a la a lectura. Buscamos reemplazar la mayor cantidad posible, recordemos que queremos evitar las cacofonías. Supernatural Pero aquí no queda todo el problema, muchos otros adverbios pueden complicarnos. Como son palabras con una gran funcionalidad lingüística, caemos en la tentación de usarlos más como latiguillo que con su sentido adecuado. Mi sugerencia es tratar de detectar cuales son los que más usamos e intentar suprimirlos, a menos que su existencia esté justificada por su valor en el texto. Estemos atentos a palabras como: siempre, nunca, poco, mucho, algo, todo. También los adverbios más complejos como los llamados “epistémicos” pueden ser la debilidad en nuestro estilo: quizás, acaso, incluso, inclusive, todavía, siquiera, y la lista continúa.

Conectores

Nos sucede que cuando escribimos, buscamos darle al post cierta formalidad pero caemos en el error de apelar a expresiones que terminan endureciéndolo mucho, mostrando una intención premeditada de “escribir bien”. Recurrimos al uso de conectores de manera forzada y es conveniente revisarlos. Por lo que, por lo tanto, por eso, lo cual, la cual, las siguientes; son todos tipos de expresiones que denotan nuestra intención de escribir formalmente pero que entorpecen la fluidez del texto.  No buscamos cambiar la formalidad que queríamos darle, pero sí eliminar los excesos. Un buen parámetro a tener presente: en la escritura “menos es más”.

Conjunciones

Por último vamos a mencionar las conjunciones: ni, pero, aunque, para, que, tan, tanto que y muchas otras. Las palabras a las que más vamos a tener que prestarle atención son, justamente, las más comunes. Tenemos más posibilidades de escribir sin darnos cuenta, diez veces la palabra “todavía” que de escribir dos la palabra “palíndromo”. Estos consejos que les he compartido para corregir un post son universales y pueden aplicarse a la revisión de un cuento, una novela, un artículo periodístico, o un informe técnico. Depende de qué tan buen uso del lenguaje estamos dispuestos a alcanzar, pero teniendo en cuenta que nos manejamos en un ámbito donde el contacto es a través de la palabra escrita, nuestro esfuerzo por escribir mejor nunca debería ser poco. Banner colaboración Redacción

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