Impresión 3D, el arma definitiva del freelance

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Ya ha pasado un tiempo significante desde aquellos días en que los primeros escribas de la Antigüedad consumían sus días bajo la densa sombra de las pirámides egipcias, copiando signo tras signo de libros y manuscritos de índole tanto religiosa como social. Considerablemente más tarde, la llegada de la imprenta relegó a estos venerables profesionales de la cúspide de la producción escrita, que por gracia o por desgracia no les quedó otro remedio que dedicar el resto de sus vidas a limar las duricias de sus dedos y loar la palabra de Dios. Y del mismo modo que esto pasaba hace seis siglos, sucedió en la Revolución Industrial con los objetos. Llegó la manufacturación masiva del diseño en detenimiento de la artesanía: el control total de la industria de una producción que hasta el momento había sido propiedad del individuo. Pero ahora, en una era donde cada uno de nosotros a nivel particular tiene más poder como consumidor, vemos que cada vez más, también lo tiene tiene como productor. Gracias a fenómenos como el teletrabajo, la tecnología nos brinda una dinamita capaz de derribar casi cualquier barrera física, dando cada día nuevas vías al individuo de ser dueño de su trabajo. Probablemente, la siguiente gran barrera a romper será la de la producción, una barrera que ya está resquebrajándose lentamente, sorteando las tenaces zancadillas de aquellos que lo ven como una amenaza potencial crítica. Pues venimos a hablar de  una tecnología claramente disruptiva: las impresoras 3D domésticas. ¿Qué pasaría si nosotros como profesionales del diseño o simplemente como consumidores, pudiéramos crear objetos a nuestra merced desde nuestras respectivas casas con solo pulsar el botón “Imprimir” de nuestra impresora 3D?  ¿Qué supondría el hecho que el diseñador freelance no sólo tuviera el poder de generar ideas sinó también de producirlas, o que llegase un momento en que el consumidor pagara a las grandes corporaciones solo por una idea, encargándose de la producción cómodamente desde su casa? Todos los indicadores apuntan hacia la consolidación del freelancing como estilo de trabajo y de vida, y no es casualidad que la tecnología esté sacando piedras cada vez más grandes de este camino. Vídeo: Form 1 de Formlabs, la primera impresora 3D doméstica de alta resolución Pero la impresión 3D no es únicamente una revolución a nivel profesional, a mi, personalmente, lo que traslada mi mente a una dimensión tan fantasiosa como increiblemente realista es el efecto que la impresión 3D puede tener sobre el estilo de vida del ciudadano de a pie. Solo hay que sacar los grielletes a nuestra imaginación para visualizar un sinfín de aplicaciones de ensueño. Imaginemos un día en que nos hemos ido de viaje al extranjero y ya antes de llegar al aeropuerto tenemos la zigzagueante sensación de que nos hemos dejado la puerta de casa sin cerrar, probablemente también con alguna luz encendida, y si somos de los pesimistas, incluso el gas abierto. La idea de poder mandar la llave de nuestra casa a un amigo de confianza por e-mail, que la imprima y pueda ir a comprobar si realmente la casa ha sido saquedada y está ardiendo en llamas o no, es un ejemplo de cómo esta tecnología puede evitarnos preocupaciones innecesarias y mejorar nuestra calidad de vida. ¿Y qué os parecería el hecho de poder crear tantos platos, vasos y cubiertos como nos plazca, pagando solo por su materia prima?¿Desaparecerá la expresión nunca ha roto un plato? Realmente, qué pérdida de dramatismo el hecho de romper un plato si podemos imprimir cuantos nos plazca en cuestión de minutos y de forma barata. ¿Pero qué pasaría si no sólo imprimieramos productos finales sinó también piezas, con las que montaríamos... ¿qué es lo primero que os pasa por la cabeza? Mesas, armarios, bicicletas, escobas, tijeras, martillos, monturas de gafas, estructuras de televisiones o lámparas, amacas, la casita del perro... Por no hablar de aquellos amantes de la personificación, que podrán producir sus propios diseños de bolígrafos, imanes, fundas de móvil, llaveros, joyas, complementos de ropa e incluso alimentos!

objeto 3D

Parece evidente que el valor y la relevancia de los objetos físicos cuotidianos se diluirá hasta el punto de que su receta, el archivo que tengamos guardado en nuestro ordenador listo para imprimir, será lo realmente valuoso. Un tipo de patrón en forma de bytes que nos permitirá imprimir objetos de valor tan dispar como un vaso y la llave de nuestro coche. Se plantea un reto en cuanto a seguridad digital y una quimera en materia de propiedad intelectual. Probablemente os preguntais cómo demonios puede ser posible crear objetos con tanta facilidad y sin ningún conocimiento de hechicería avanzada. Pues es bien sencillo. Mediante distintos materiales, las impresoras 3D toman un diseño volumétrico de nuestro ordenador y a partir de capas muy finas que se solapan, van generando en sentido ascendente la forma exacta del diseño desado, llegando a un nivel de detalle inexistente en ningún otro método de producción. Dicha precisión brinda infinitas nuevas posibilidades a sectores como la automoción, pues es posible crear piezas mucho más precisas y eficientes, o a la sanidad que se aprovecha de la facilidad de poder adaptar con gran flexibilidad y sencillez diseños estándar de protesis, por ejemplo, a las necesidades médicas de los pacientes.

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